lunes, 30 de junio de 2014
HEU
Nosotros teníamos como objetivo modificar los limites impuestos por la
reja mediante la colocación de nuevos limites (las telas) que interrumpan la
circulación de la vía publica, y observar como modifica al habitante (si este
cambia su recorrido o sigue en él y este afecta sus sensaciones).
Obtuvimos un resultado distinto al esperado, ya que pensábamos que las personas se iban a sentir atraídas por este "túnel" y lo intentarían recorrer, pero lo que realmente pasó fue que lo esquivaban y las pocas personas que pasaron por debajo lo hicieron para acortar camino. También algunas personas al encontrase con este hecho reaccionaron bastante mal y exclamaban malas palabras, como si fuera una molestia.
Si tuviéramos que modificar algo seria:
- la ubicación, ya que estaba ubicado justo a la altura para cruzar la calle y por lo tanto las personas se desvivan del camino.
- la altura tendría que ser un poco mayor porque algunas personas pasaban justo.
Como conclusión podemos afirmar que el habitante es el tema principal a tener en cuenta a la hora de hacer arquitectura ya que comprobamos que actúan y tienen distintas experiencias ante un mismo hecho
Obtuvimos un resultado distinto al esperado, ya que pensábamos que las personas se iban a sentir atraídas por este "túnel" y lo intentarían recorrer, pero lo que realmente pasó fue que lo esquivaban y las pocas personas que pasaron por debajo lo hicieron para acortar camino. También algunas personas al encontrase con este hecho reaccionaron bastante mal y exclamaban malas palabras, como si fuera una molestia.
Si tuviéramos que modificar algo seria:
- la ubicación, ya que estaba ubicado justo a la altura para cruzar la calle y por lo tanto las personas se desvivan del camino.
- la altura tendría que ser un poco mayor porque algunas personas pasaban justo.
Como conclusión podemos afirmar que el habitante es el tema principal a tener en cuenta a la hora de hacer arquitectura ya que comprobamos que actúan y tienen distintas experiencias ante un mismo hecho
MONOGRAFIA
“El
habitante como protagonista
del
hecho arquitectónico”
ALUMNOS: Enei
Fanny
Parini Maria Lourdes
Segú Ignacio
MATERIA:
Introducción a la Arquitectura Contemporánea
Universidad de
Buenos Aires
FECHA: 17/06/2014
Introducción
En
este trabajo se intenta colocar al habitante como factor principal determinante
de la arquitectura, ya que es quien va a convivir dentro del espacio diseñado
por el arquitecto. Con esto nos referimos a que la vivienda debe estar pensada
y adaptada totalmente para que alguien con características específicas
desarrolle su vida cotidiana en un lugar donde pueda sentirse cómodo, que se sienta identificado y sienta a este
espacio como propio.
Uno
de los temas principales a tratar es el sentimiento de pertenencia, como
mencionamos anteriormente, sentirse cómodo y poder apropiarse de los distintos
lugares, no sólo relacionado a la casa (también refiriéndonos a departamento,
edificio, etc.) si no también al lugar
en donde esta se encuentra ubicada, su contexto, el barrio.
La
frase: “un buen proyecto le debe gran parte de su éxito, no sólo al arquitecto
y su equipo de trabajo, sino sobre todo a la existencia de un buen cliente
detrás de éste” repetida en distintas situaciones es muy cierta. La relación de
trabajo que se logre entre el cliente y el arquitecto es clave para el correcto
diseño, desarrollo y resultado del proyecto en todas sus etapas y
complejidades; ya que el cliente tiene la última palabra en muchas decisiones
que terminan por definir el proyecto. La confianza del cliente, considerando
que el arquitecto sintetizará todas sus necesidades y deseos, es fundamental en
la relación. Una vez formulado el encargo el profesional actuará con libertad
llevando a cabo un diseño fluido acorde a los intereses del usuario. No por
esto deben estar ausentes los cuestionamientos del cliente a las decisiones del
arquitecto, ya que en estos momentos se adquiere seguridad en lo correctamente
realizado o se reformulará aquello no muy bien planteado; lográndose satisfacer
exactamente las expectativas generadas en el cliente. El arquitecto debe saber
preguntar, escuchar, separar lo esencial de lo accesorio y ordenarlo
jerárquicamente para conocer al usuario, su entorno, sus deseos y necesidades.
El profesional debe tener claro en qué va a consistir la atención al cliente,
qué va a estar incluido y qué no; y ante un reclamo cuándo se va a atender y
emitir un informe a la entidad aseguradora para dar una respuesta acorde a las
circunstancias y cuándo, no. El cliente necesita saber cuáles son “las reglas
del juego” de la relación comercial para evitar problemas. Es muy importante la
firma de un contrato entre las partes una vez acordada la realización del
proyecto. Considerando esta relación arquitecto – cliente usuario fundamental
en la tarea diaria del profesional iniciamos este trabajo para analizar,
estudiar, aceptar y/o refutar las ideas y experiencias de distintos autores
sobre el tema.
El papel del arquitecto
El
arquitecto no debe estar atado a escuelas, teorías, modas y diseños sino a las
necesidades del cotidiano vivir. Su función principal es indicar qué hacer,
comprender al usuario (más allá de la técnica, de la estética y de la ergonomía),
interpretar los deseos, necesidades y sentimientos del cliente, logrando darle
datos y consejos oportunos. Teniendo en cuenta que los espacios que habitamos
son físicos y culturales, el profesional debe lograr la óptima organización del
espacio habitable para que la gente sea feliz. Es fundamental estudiar la
realidad sobre la cual se deberá trabajar. El diagnóstico es la base de las
decisiones importantes con respecto de la organización del espacio. El
diagnóstico es la esencia del proyecto; y proyectar es para el cliente usuario
(el habitante). Se deberá preparar el escenario más adecuado para lograr
conductas felices, estas conductas tienen límites que estimulan y condicionan la
vida, la sabia ubicación de esos límites es la arquitectura. Arquitectura es la
satisfacción profunda de las necesidades de la gente y el modo de organizar los
espacios vividos. La arquitectura es el arte de estimular las escenas que
intensifican y hacen más feliz la vida. Es ayudar a la gente a que sea más
feliz mediante una óptima organización del espacio habitable. El comportamiento
humano es la esencia misma de la arquitectura, que no se compone de medidas,
sino de escenas y de ceremonias de las que está hecha la vida (cocinar, comer
en familia, bañarse, etc.). El fin de la arquitectura es la satisfacción
profunda de las necesidades de la gente. La arquitectura se relaciona más con
el placer de habitar que con la aplicación ciega de principios abstractos, es
una parte importante del escenario de la vida. La “buena arquitectura” es
placentera y accesible. La “mala arquitectura” es, fundamentalmente, incómoda y
aburrida. La gente quiere vivir en casas que se comporten como cáscaras;
mientras que los arquitectos, muchas veces, tienden a imponerles
edificios-objeto, convertidos en demostraciones sólidas de determinados
principios o en ilustraciones de revistas (puede generalizarse a la
arquitectura institucional en general).
La
arquitectura cáscara es aquella que considera lo afectivo desde la perspectiva
del usuario, lo estético está ligado a lo vital y a lo histórico (personal y
social); el usuario no percibe “la arquitectura” sino el espacio que habita y,
sobre todo, los significados que va atribuyendo a los lugares, en función de la
historia de éstos y de su propia historia personal. La arquitectura cáscara
permite la relación óptima de los protagonistas con el exterior, con el
equipamiento, con la luz, con el sonido y la gente. Uno de los problemas que deben
encarar los arquitectos, en todo el mundo, es la falta de adecuación al usuario
de la mayor parte de las obras realizadas. Por ello es tan importante que el
arquitecto estudie la realidad en la cual deberá trabajar para conectar el
diseño con la vida que esta deberá albergar, contando con métodos, esquemas
teóricos referenciales que se enriquezcan con la experiencia para decodificar
la demanda latente. El método que aplica el autor para decodificar la demanda
del cliente consiste en ayudarlo a superar todo lo que se interponga ante el
deseo, aunque el obstáculo sea su propio proyecto. Considera a la arquitectura
un servicio. Como artista, su placer supremo consiste en responder al desafío
de encontrar una respuesta óptima, verificable con la felicidad del cliente al
habitar su casa.
Rodolfo
Livingston en su libro “Cirugía de
casas” enseña a motivar y estimular la
comunicación familiar, constituyendo su ideología en una verdadera psicología
social de la arquitectura, mostrando que lo interdisciplinario, bien aplicado,
suma. Considera el mejoramiento estético a partir de un reordenamiento general
que comprenda objetos existentes y espacios vacíos. En las reformas de una casa
el arquitecto piensa en la manera más racional de la vida de las personas que
habitan el espacio existente. Parte de un sistema de circulaciones erradas, de
divisiones sobrantes, de lugares muertos y trata de convertir el todo en una
casa inteligente, donde la vida sea más agradable. El arquitecto frente a la
demanda de sus clientes debe ver la casa como una totalidad y no sólo la parte
de la reforma. El autor propone trabajar con un Manual de Instrucciones para
llevar adelante la tarea; el mismo debe expresarse en un lenguaje comprensible
para la persona común (no lenguaje técnico), debe ir acompañado con casettes
explicativos proporcionando soluciones alternativas a posibles dificultades,
direcciones de proveedores, prevenciones, etc; sugiere tomar fotografías y
dibujar sobre las mismos para producir el cambio, en la aplicación del Manual
considera importante las entrevistas con los clientes. El autor ha logrado una forma
de trabajo conjunta con el maestro mayor de obra: el arquitecto aporta un
Manual de Instrucciones y realiza visitas para asesorar durante la ejecución de
la obra. El maestro mayor de obra obtiene el trabajo por su intermedio, ambos
trabajan sobre un proyecto completo y aceptado por el cliente. Desde la
perspectiva que defiende el autor cabe afirmar que lo más importante de la
arquitectura no es la arquitectura en sí misma, sino lo que ésta permite o
impide realizar en término de relaciones entre los hombres y su entorno y entre
los hombres entre sí, es decir, en términos de vida. Este concepto de
arquitectura como servicio acerca al arquitecto a sus clientes y al fin último
de la profesión: contribuir a hacer la vida más alegre y menos gris. Ante la realización
de un proyecto debemos pensar cuál es nuestra verdadera forma de vivir. Dejar
de lado el como “debería ser” y partir del cómo somos realmente, sin
prejuicios. El autor dice: “El comportamiento humano, esencia de la
arquitectura, no se compone de medidas sino de ceremonias que ocupan un espacio
físico y un espacio psicológico y, de esas ceremonias está hecha la vida” “La
arquitectura es la sabia ubicación de los límites”, o sea, ayuda a la gente
para que encuentre con goce un espacio propio dentro de sus posibilidades
reales, sin falsas metas. “La cara como la casa reflejan una forma de entender
la vida”.
- Aca
mostramos un ejemplo de una casa del Barrio de Villa Luro, Buenos Aires
Durante
la primera entrevista el cliente presentó su proyecto proponiendo una cochera
alargada. La decodificación de la demanda permitio al arquitecto descubrir la
existencia de un gran perro como habitante de la casa. La necesidad de que el
perro pasara desde el fondo hacia el frente, sin cruzar por el living, para ir
a recibir a su dueño, esto era lo que explicaba la cochera alargada. Por
supuesto que el cliente explicaba su proyecto partiendo de ese modelo de
cochera, como algo deseado; es decir, empezaba con la solución al problema
oculto, que era el libre paso del perro. (Adjuntamos plano)
Pertenencia e identidad
A
parte de sentirse cómodos y felices con el lugar que habitan (la vivienda), del
cual se va a hablar detalladamente más adelante, es muy importante para los
habitantes también poder sentirse a gusto con el barrio en el que viven, porque
las personas no pasan toda su vida dentro del hogar, tienen que salir de él por
distintos motivos, desde ir a trabajar, hacer compras, ocio, etc., y
relacionarse con ese contexto, el entorno físico y las personas que también lo
habitan.
"El Diccionario de la
Real Academia Española nos dice, sin más trámite, que barrio es cada una
de las partes en que se dividen los pueblos grandes o sus distritos. Pero en
nuestra habla cotidiana y nuestro sentir, para nosotros el término barrio es
mucho más abarcador y profundo. El barrio, en el que nos aquerenciamos, según
su significado, es un sentimiento y una expresión de una tradición cultural;
expresión de una persistencia histórica de elementos que lo caracterizan, lo
identifican y lo diferencian. Es un espacio en el que se convive. Es el lugar
en el que se conoce (o debería conocerse) a todo el mundo" (Luis Alposta: 2011)
Según
Ariel Gravano en
cada barrio hay una cierta heterogeneidad interna entre sus habitantes, lo cual
permite la construcción de identidades, las personas se sienten parte de cierto
sector, comparten ideologías y costumbres, y a su vez, se diferencian e
intentan separar de los otros grupos sociales (incluyendo dentro de “grupos” a
la diferenciación por clases sociales, tareas que desempeñan laboralmente,
edades, gustos, género, etc.), se refiere a que no todos nos sentimos
“compañeros” en igualdad de condiciones, sino que hay ciertos grupos que se
sienten superiores, dominantes y otros son sumisos.
La casa
Al analizar la casa, se ve como el hombre la
percibe de acuerdo a sus propiedades físicas, siempre partiendo desde como el
habitante va a ver ese lugar y el significado que tendrá de acuerdo con lo que
la "casa" como concepto genera en el hombre, la casa es aquel lugar
que es nuestro rincón en la tierra, el lugar de cobijo al cual volvemos cada
día. Entonces está compuesta por medio de un conjunto de recuerdos e imágenes,
esto forma un concepto propio del lugar
donde uno habita. La vivienda propia, asimismo es también el único lugar que
nos permite el ensueño, que cobija nuestros recuerdos y que, cuanto más
compleja sea (en cuanto a recorridos, rincones y lugares de los cuales el
hombre pueda apropiarse) más fuerte será el recuerdo de esta, tendrá más
significado, y construirá una cierta topografía que irá armando nuestro concepto de casa, una topografía hecha de sensaciones e
imágenes que son generadas por el lugar "casa" y condicionan nuestra forma de interactuar
con los otros espacios, condicionando nuestro "buen gusto".
La imagen de la casa, el recuerdo, esa topografía
que llevamos dentro nuestro, si bien no existe en el espacio físico, perdura al
paso del tiempo, mientras que la casa como lugar físico puede bien no hacerlo;
si un lugar es demolido, uno siempre
puede volver a visitarlo a través del sueño, de los recuerdos y así la
casa nunca desaparece, deja impregnada su esencia en el hombre a través de su
vida.
La casa no existe flotando en el medio del espacio,
ocupa un lugar físico y se relaciona con un entorno,
y este entorno a su vez modifica la forma que tenemos de percibirla.
Las condiciones
exteriores forman parte de un afuera del cual la casa nos protege o nos
vincula. En un ambiente austero entonces, esta se transforma en un mundo de
refugio, de intimidad y consuelo. Si el afuera es en cambio un lugar mejor que
el interior, cuando en el interior se dan espacios oscuros y cerrados, que no
generan bienestar, las cualidades de la casa se ven en contraste con un mejor
afuera, y son las ventanas y las puertas lo que nos abren el camino al
exterior.
Un lugar
entonces es no sólo lo que uno percibe con sus recuerdos, sino que también se
encuentra en relación estrecha con lo que ocurra en su entorno, y esto
condiciona también cómo tomamos el lugar; si el afuera es un lugar frío y
tormentoso entonces paredes cerradas y cuartos pequeños son un lugares cálidos
y nos dan cobijo; en cambio si el afuera es un lugar lleno de luz y calor, un
espacio interior de estas características toma otro carácter, y pasan a ser las
aberturas lo que nos resulta atractivo porque es lo que nos vincula con el
espacio más agradable y genera todo un mundo dentro de la casa a partir de lo
que se encuentra afuera. Aun así, un espacio muy amplio tampoco es saludable,
si bien uno busca espacios grandes para la distención, los espacios pequeños y
reducidos son necesarios, aquellos espacios donde uno se siente acobijado, los
rincones donde uno se acurruca cuando afuera ruge la tormenta; en un día
tormentoso de invierno, uno no siente deseos de salir, o de estar en el
comedor, a uno le provoca quedarse en su cuarto, en la cama viendo la tele, o
alguno otra actividad que implique el uso de un lugar retirado, íntimo y cálido
donde se pueda encontrar solo y protegido dentro de las paredes de la casa,
cual fortaleza medieval.
En estos rincones alejados, es donde se construyen
los recuerdos más íntimos y más fuertes, que dan forma a "la casa",
aquella casa ideal que uno lleva en su mente y recuerda aun cuando ya no
existe, y que condicionan la forma en la que nos apropiamos del espacio. Alguien
que tuvo vivencias en lugares muy amplios y sin contención no se comporta de la
misma manera que alguien que paso su vida en un hogar humilde y cálido. Atesoran cosas diferentes de acuerdo a como
la casa les hizo vivir su vida.
La casa es un lugar, pero dentro de ella (o
cualquier otro lugar que se habite)
también hay lugares, cuartos más alejados, áticos, y estos son los que
ocultan y resguardan nuestros recuerdos
y nuestros sueños, son los lugares donde nos retiramos ya sea durante la
vigilia o no, y tenemos nuestra privacidad nuestra intimidad, y en estos
lugares se guardan nuestros tesoros,
nuestros secretos. La vivienda, así como tiene lugares más públicos, de
encuentro y donde se comparten situaciones y luego se mete más adentro a los
rincones más privados y cálidos, alberga también de la misma manera nuestro
carácter público y visible, y nuestra parte intima, nuestros recuerdos y
secretos a medida que se va haciendo más privado el espacio hasta llegar a un
cajón escondido o un armario; en estos lugares mentales que se generan de
nuestros recuerdos de lugares concretos, es donde guardamos los recuerdos de la
casa que trascienden al paso del tiempo.
Conclusión
Afirmamos que los deseos, miradas,
opiniones y gustos del habitante (cliente-usuario) son fundamentales en el
éxito de un proyecto arquitectónico; ya que es quien lo va a usar, disfrutar y
desarrollará su vida personal, familiar, profesional y social en ese ámbito. Se
tiene que sentir feliz, cómodo, protegido, identificado en “su lugar”. Por
ello, el arquitecto tiene un rol fundamental: interpretar al cliente y sus
necesidades, hacer el proyecto usando sus conocimientos profesionales y
experiencia previa para lograr un objetivo claro en cada situación particular.
El objetivo principal debe ser contribuir a hacer la vida del habitante y su
entorno más placentera dentro de la casa y en el barrio. Para lograr este
objetivo, el arquitecto y su equipo de trabajo deben hacer un excelente
diagnóstico, contemplando al usuario, sus necesidades y deseos, su entorno
familiar, social y de trabajo, el barrio en el cual se concretará el proyecto
arquitectónico (posibilidades y carencias), intercambiar ideas con el
cliente-usuario para enriquecer el proyecto y plasmarlo en el hecho
arquitectónico deseado.
Bibliografía
“Antropología
de lo barrial, estudios sobre producción simbólica de la vida urbana” (Espacio
Editorial, Buenos Aires: 2003)
Paula
Gómez, “Sentido de pertenencia” (en línea), Argentina, www.lanacion.com.ar
, 09/07/2011, Dirección URL:
http://www.lanacion.com.ar/1387987-sentido-de-pertenenciav
Livingston, Rodolfo. “Cirugía de casas”. Buenos Aires : Editorial CP67, 2007. 176 p ;
il
Bachelard, Gastón. “La Poetica
del Espacio”. Buenos Aires : Fonde de Cultura Economica, 2000. 207p.
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